Harvard Business Review
Los machos alfa representan cerca del 70% de todos los altos ejecutivos. Como su nombre lo indica, son personas que no están conformes a menos que estén en la cima, que sean los que dan las órdenes.
Los alfa llegan a las altas esferas porque son líderes naturales, se sienten a gusto con la responsabilidad en una forma en que los no alfa jamás podrían. Los alfa se estresan cuando las decisiones difíciles no están en sus hábiles manos. Para ellos, estar al mando genera tal emoción que voluntariamente asumen niveles de responsabilidad. Es difícil imaginar la corporación moderna sin líderes alfa. Entonces, ¿por qué tantos de ellos necesitan un coach ejecutivo?
Requieren de un coach ejecutivo experimentado porque les cuesta pedir ayuda o incluso reconocer que la necesitan. Por lo general, son tercos y resistentes al feedback. Después de todo, no han llegado donde están por ser reflexivos. El desafío del coach es preservar las fortalezas de un alfa mientras corrige sus debilidades.
En 2001, Dell personificaba el arquetipo del alfa corporativo; toda la cultura corporativa giraba en torno a la obtención de resultados. Pero a medida que la empresa maduraba y el sector tecnológico enfrentaba su peor caída, el CEO Michael Dell y el presidente Kevin Rollins sintieron la necesidad de cambiar la forma en que la organización lograba sus resultados. Querían mejorar el trabajo en equipo entre ellos y otros altos ejecutivos y buscaban desarrollar una cultura corporativa más madura y acogedora.
Michael y Kevin eran respetados en toda la organización por su perspicacia intelectual y su juicio superior. Pero también se les consideraba exigentes y, a veces, intimidantes. No era de extrañar que la mayoría de los altos ejecutivos de Dell también mostrasen clásicos estilos de liderazgo alfa. Dada su naturaleza profundamente analítica, Michael y Kevin iniciaron el proceso de cambio reuniendo datos e invitándonos a realizar entrevistas de 360 grados a todo el equipo ejecutivo.
El feedback de 360 grados permitió a Kevin darse cuenta de que su imagen de hombre excesivamente crítico y obstinado obstaculizaba su capacidad para inspirar a la organización. La gente pensaba que él no los escuchaba, porque se precipitaba a dar sus propias sugerencias en vez de fundarse en las ideas expresadas por otros.
Michael, por su parte, llegó a ver que su fuerte énfasis en lo analítico a veces lo hacía parecer lejano y “transaccional”, incluso para sus colegas más valiosos. Mediante el proceso de 360 grados, aprendió que su gente lo consideraba difícil de interpretar y que anhelaba un feedback más directo. Le sorprendió enterarse de que su actitud de “festejar por un nanosegundo” había hecho que la gente sintiera que sólo era tan valiosa como los resultados del trimestre pasado. Michael y Kevin también se enteraron de que la tensión entre ambos causaba ansiedad en el equipo ejecutivo, algo que nadie había dicho antes.
Ellos resolvieron mejorar su liderazgo individual y conjunto, transformando su relación de “suficientemente buena” a “magnífica”. Como símbolo de este compromiso, construyeron oficinas adyacentes separadas por una puerta de vidrio siempre abierta. Ahora usan recordatorios humorísticos para atraer la atención mutua. Michael le dio a Kevin una motoniveladora de juguete y le pidió que la pusiera sobre su escritorio cada vez que creyera que Michael trataba de pasarle por encima. Kevin recibió un peluche de Jorge el Curioso para recordarle de abrirse más a las nuevas ideas de otros. Lo que empezó hace casi tres años como un compromiso personal para realizar cambios de arriba a abajo, ha mejorado las metas de la organización, modificado el perfil del ejecutivo ideal de Dell y ha llevado al lanzamiento de una iniciativa de cultura llamada el “alma de Dell”. Michael y Kevin, y todos los altos ejecutivos de Dell, reciben regularmente feedback de 360 grados, lo que garantiza que los datos reunidos sean lo más recientes y objetivos posibles.
‘Coaching’ a la manera correcta
La mejor manera de captar la atención del alfa es con datos, copiosos, creíbles y consistentes. Por eso siempre obtenemos feedback de 360 grados. Entrevistamos a todos los subalternos directos del alfa, a media docena de empleados de alto potencial que están bajo la autoridad de sus subalternos directos, a todos sus colegas en la unidad de negocios y a cualquier persona de la organización con la que él compita. Nuestra meta es brindar pruebas irrefutables de que su conducta no funciona tan bien como él cree. Dejamos que los datos moldeen nuestras preguntas. Si se nos dice, por ejemplo, que él es un mal comunicador, presionamos para obtener detalles: ¿Es vago? ¿No presta atención? ¿No comparte información? ¿Interrumpe? Luego preguntamos por el impacto de esos rasgos de comunicación: ¿Cómo afecta su estilo acelerado el trabajo de sus colegas?
Para cambiar, el alfa debe primero tener conciencia de sus propias motivaciones, abrirse más a las opiniones contrarias de sus colegas y sentirse más confiado ante el desafío público. También debe aprender a entregar un feedback que sea útil en vez de traumático.
La cultura corporativa de Dell empezó a cambiar cuando Michael Dell y Kevin Rollins compartieron los resultados de sus evaluaciones de 360 grados con sus equipos ejecutivos y, finalmente, con cientos de gerentes de la empresa. Revelar sus imperfecciones fue un momento difícil para ellos, pero esa acción los humanizó ante los ojos del equipo e hizo que se volvieran más inspiracionales ante el resto de la organización.
Como lo comentó recientemente un director general: “Debido a que Michael y Kevin compartieron con nosotros su feedback, todos estamos compartiendo nuestros resultados con nuestros propios equipos. Nos hemos vuelto más abiertos, lo que crea camaradería y confianza. Conocer los cambios que mis colegas están tratando de hacer en sus estilos de liderazgo, también me hace más fácil señalar las conductas que me molestan. Después de que alguien revela que periódicamente lanza granadas en las reuniones, pero quiere dejar de hacerlo, todos estamos autorizados para recordárselo y lo hacemos”.
Es normal que el alfa quiera que el coaching y el feedback sean privados, pero no se pueden ignorar las motivaciones de sus colegas. Es posible que algunas personas quieran desquitarse, otras esperen que el alfa finalmente reconozca todo su arduo trabajo y algunas incluso deseen que la telenovela continúe. La transparencia pública ayuda a despejar el ambiente, permitiendo que toda la organización avance.
Aunque suena paradójico, cuando un líder admite que se ha equivocado y que necesita cambiar, se le percibe como más confiado y valeroso que cuando insiste en tener la razón. Eso fue lo que descubrió el contraalmirante Dan McCarthy, jefe del Naval Supply Systems Command, cuando nos pidió ayudarlo a mejorar el flujo de comunicaciones ante los nuevos desafíos creados por la Operación Libertad Duradera. El contraalmirante, un hombre grande de personalidad fuerte, inicialmente respondió alfeedback dado en una reunión grupal de 30 de sus altos oficiales con una larga explicación y justificación.
Pero se contuvo y reconoció públicamente su actitud defensiva, asumiendo plena responsabilidad por el problema y por la forma en que su estilo contribuía al mismo. Asombrados al principio, los miembros de su equipo empezaron rápidamente a seguir su ejemplo, identificando formas en que cada uno podía mejorar las comunicaciones.
¿Qué esperar del ‘coaching?’
Los posibles clientes suelen preguntar cuánto toma el proceso de ‘coaching’ y qué tipos de resultados interinos pueden esperar. La respuesta varía ampliamente, dependiendo de factores tales como amplitudes a nivel de involucramiento de la organización en el proceso de coaching, el grado de dedicación de la persona a dicho proceso y cuán plenamente la cultura de la empresa acepta este proceso. Para algunos alfa, un feedback de 360 grados seguido por medio día de coaching y unas cuantas llamadas telefónicas es todo lo que se necesita para percibir un cambio. Los alfa con menos conciencia de sí mismos normalmente necesitan medio día de sesiones de coaching al mes por un período de tres a doce meses. Por lo general, los cambios de conducta empiezan a mostrarse al cabo de tres o seis meses, al cosechar el cliente los frutos más fáciles de alcanzar de nuestros esfuerzos iniciales de coaching. Los cambios sostenidos toman cerca de un año. Pero la meta del coaching es cambiar toda la dinámica del equipo, y no simplemente tratar al alfa como un problema individual. Después de dos años, una organización puede estar bastante avanzada en su transformación, al convertir a un equipo ejecutivo disfuncional y combativo en uno cooperativo y con confianza.
Las trampas en el ‘coaching’ de alfas
Cuando un coach ejecutivo fracasa en ayudar a los alfa y sus organizaciones, a menudo se debe a que cae en una de tres trampas, cada una de las cuales puede detener el proceso de un solo golpe.
Primero, algunos cometen el error de jugar “suelto y liviano”, es decir, se comportan en forma demasiado pasiva, reaccionando al alfa en forma circunstancial, echando mano a su propia experiencia y perspectiva no ejecutiva. Si un alfa cree que su coach planea convertirlo en un debilucho ultrasensible, nunca le dará una oportunidad.
Una segunda trampa es el excesivo secretismo. Comprensiblemente, todos quieren tener un alto grado de confidencialidad en su trabajo. Algunos creen que la forma de lograr que un alfa se abra es asegurarle que nadie más en la organización se enterará de sus vulnerabilidades. Al tratar de proteger al cliente, un coach puede crear, sin querer, un hoyo negro organizacional: se invierte mucho esfuerzo en ello y nada parece salir jamás de allí.
Al poseer una personalidad intimidante y un poder genuino, el alfa espera que el mundo le muestre una deferencia apropiada. Pero los coach deben evitar a toda costa la tercera trampa: doblegarse ante ellos. Esto puede hacer la diferencia entre una relación constructiva o una irrelevante entre ambos.